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Séptima estancia

(5 de mayo de 1967)


La labor apostólica de la Obra en Sevilla fue creciendo en las décadas de los años cincuenta y sesenta. Estuvo san Josemaría de nuevo en Sevilla en 1967, más de veinte años después de la última vez que pasó por esta ciudad, en 1946. Procedente de Madrid, el día 3 de mayo de 1967 llegó a Pozoalbero, una finca a las afueras de Jerez de la Frontera, utilizada para actividades de formación.



13. Calle Padre García Tejero nº 23

Torrealta

Torrealta

En un chalet del barrio de Heliópolis estaba la Delegación de las mujeres del Opus Dei en Sevilla. La casa había pertenecido a María Pepa Pacheco, viuda de Alonso.

San Josemaría llegó allí el día 5 de mayo por la mañana, directamente desde Pozoalbero. Llovía bastante. Le esperaban en la puerta y en el vestíbulo. Subió al oratorio por una escalera estrecha y empinada y comentó en voz alta:

Qué pequeña es esta casa, parece de muñecas, hacéis unas casas que enseguida se os quedan pequeñas.

Después de saludar al Señor, se revistió en el Oratorio y dijo que D. Álvaro explicaría lo que iba a hacer. Consagró el altar bajo la advocación Dulcissimi Nominis Mariae. Terminada la ceremonia tuvo un rato de tertulia con las personas que estaban allí, entre ellas Mariquilla Linares que había llegado de México para ver a su familia.

almonte

Colegio Mayor Almonte

14. C. M. Almonte

(Paseo de la Palmera nº 49)

Ese mismo día, 5 de mayo, estuvo en el Colegio Mayor Almonte, situado en aquella fecha en dos chalets de la avenida de la Palmera, ligeramente adaptados para su uso como centro de estudios. Un chalet era conocido como Blanca Paloma, el otro Villa Pepita.

Entró enseguida al oratorio donde le esperaban la mayoría de los residentes y rezó unos momentos. Presidía el retablo una imagen de la Virgen de los Reyes que después pasó al oratorio actual del Colegio Mayor Guadaira en el Paseo de la Palmera nº 2, tal como había deseado san Josemaría (cfr. n. 9).

Esta Virgen de los Reyes, copia de la imagen fernandina, que recibe culto en la Capilla Real de la Catedral de Sevilla, fue donada poco antes por la propietaria del chalet Blanca Paloma. Había sido encargada a un artista local en los primeros años treinta y parece ser, aunque no se tiene constancia documental, que para no exponer la original al peligro de que sufriera un atentado, dado el ambiente antirreligioso previo a 1936, salió en procesión esta imagen en su lugar.

Iglesia antes de la restauración

Iglesia antes de la restauración

Iglesia tras la restauración, como la vio san Josemaría

Iglesia tras la restauración, como la vio san Josemaría

15. Iglesia del Señor san José

Calle San José nº 17

Después de la tertulia que hubo en Almonte, san Josemaría quiso conocer la iglesia del Señor San José que se estaba terminando de restaurar. Hacía poco que el Cardenal Arzobispo de Sevilla D. José María Bueno Monreal, había encomendado este templo –que en parte estaba en ruinas– al Opus Dei.

Entró en la iglesia por la puerta principal y estuvo haciendo sugerencias y comentarios. No existía la reja que delimita el presbiterio actualmente, y se colocó posteriormente por sugerencia suya de entonces.

La imagen de la Virgen presidía el retablo, entonces en el único y central camarín. En un momento de la conversación, preguntó:

“–¿No decís que la iglesia está dedicada a San José? Después de un breve silencio, continuó: –¿no se debería colocar a San José en el centro? A la Virgen no le importará que su marido presida ¿no os parece?”

No mucho tiempo después, en la década de los setenta del siglo XX, se puso una imagen de san José en la hornacina grande encima del altar mayor de la iglesia. Y a comienzos de este siglo XXI, con implicación de generosos colaboradores, se ha conseguido instalar el retablo actual, en el que preside San José y en otro camarín superior está la misma imagen de la Virgen, como sugirió san Josemaría.

Después de visitar también la zona de la sacristía, regresó al Colegio Mayor Almonte para almorzar.

16. Hermanas Díaz Velázquez

Calle Río de la Plata nº 7

Entrada de la Delegación Masculina

Entrada de la Delegación

Terminado el almuerzo y la tertulia en el C. M. Almonte le llevaron a la casa de las hermanas Díaz Velázquez que vivían entonces en el barrio del Porvenir, en la calle Brasil. Por aquel entonces, se entraba al chalet por la esquina que forman las calles Brasil y Río de la Plata.

Las dueñas eran tres hermanas solteras, de categoría humana y profesional, que cooperaban generosamente con la Obra desde hacía tiempo. En la casa disponían de oratorio con reserva del Santísimo.

La colección de encajes y bordados de las hermanas Díaz Velázquez es una de las mejores y más completas de este género conocidas en Europa. Una selección de las piezas más representativas se puede contemplar actualmente en el Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla.

Familiarmente eran conocidas como “las niñas”, pues así se llamaban entre ellas. Recibieron a san Josemaría con ilusión. Pasó primero a rezar brevemente en el oratorio, después estuvo con ellas en la sala. Estaban presentes D. Álvaro del Portillo, D. Javier Echevarría, D. Florencio Sánchez Bella, D. Manuel Pedreño y alguno más.

En la visita breve, pero intensa y emocionante, les agradeció el cariño que tenían a la Obra, y les pidió que siguieran rezando por sus intenciones.

Doña Elvira

Doña Elvira nº11

17. Plaza de Doña Elvira nº11

Se dirigió después a la plaza de Doña Elvira, donde se encontraba entonces la sede de la Delegación de la Obra en Sevilla. El coche quedó en el Patio de Banderas del Alcázar, y desde allí, por las calles Judería y Vida, se dirigió al número 11 de la plaza de Doña Elvira.

Por el camino le llamó la atención una imagen de la Virgen que hay en el interior de una hornacina protegida con una reja, en una fachada de la calle Vida. La calle es muy estrecha, por lo que es difícil advertir la pequeña imagen.
En la Delegación –tras saludar al Señor en el oratorio– estuvo un rato en la sala de estar con los que se encontraban en la casa.

Desde allí le llevaron al Palacio Arzobispal. Cuando acabó la visita al Cardenal Bueno Monreal, la entrada del palacio e incluso las escaleras interiores estaban llenas de personas de la Obra y amigos, deseosos de ver y saludar a san Josemaría.
Se despidió de D. José María Bueno en lo alto de la escalinata e impartió, junto con él, la bendición a todos los que le estaban esperando. Durante el trayecto hasta el coche, y a pesar de los inevitables apretujones de las personas que querían saludarle, estuvo muy cariñoso y pendiente de todos. Al final de la escalera, prometió que volvería otro año para pasar más tiempo y estar con todos tranquilamente.